Sin embargo, todo lo que traía, chocó con la espesa nube de tristeza que se respiraba -si se podía- en Aichi-ken.
Pensé que eran cuentos...vivencias sin suerte. Pero era muy real. Y a la vez, irreal. Cada cosa que los rodeaba, se teñía de ese gris gastado. Gastado, pero excesivamente ornamentado, con la historia que cada uno elegía interpretar.Los que sobreviven, revuelven en sus adentros. Hasta encontrar alguna lucesita. Ahi es cuando se dejan arrastrar por el deseo. Esa cosa tan linda, que te hace sentir pleno.
El resto, caminan como muertos (¿los muertos caminan?). Y se van topando una y otra vez con los muros del miedo. Aquellos que afianzan sus raíces en alguna parte oculta del pensamiento. Al lado del remordimiento, la culpa, la cobardía.
Pude sentirlo. Me sentí triste. Y aunque no quisiera, sabía que estaba obligada a estarlo. Porque no tenía derecho a estar contenta. No, ahi. No, rodeada de tanto dolor agudo. Y frío.
Pero, también encontré otros sentires...
¿Viste que te contaba que había una luz?. Escondida, claro.
Fue en una sala de ensayo. Mis protagonistas y su banda iban ahi, a respirar. Una bocanada de aire fresco recorría el entorno. Ya el aire, no resultaba pesado. Ya no importaba que algunas vidas estuvieran resignadas.
Y como cuando el viento de verano te sopla la cara...sentí palabras que flotaban ante mis ojos:
"...Y mientras tus dedos ahogan las cuerdas...tu alma respira aliviada..."
A las que todavía no se animan, pero quieren también;
A las que buscamos, porque queremos;
Y a las que no quieren, por no animarse...
Apartado: FELICITACIONES HUGO POR EL INGRESO AL CONSERVATORIO!!!...seguí respirando a lo loco!!! =D
